Cada rincón de Cataluña se diferencia por sus paisajes, también por su gastronomía. Unos se caracterizan por comer calçots, otros el xató, otros de carxofas… En el Baix Empordà, en este caso a LLafranc nos invitan a probar las famosas GAROINES también conocidas, de otro modo y más comúnmente, como erizos de mar.
De esta manera, la gastronomía se convierte en un motivo más para visitar una zona, donde el territorio no tan solo lo podemos observar, sino que también lo podemos degustar una buena comida.
Es por eso que no podemos dejar escapar esta oportunidad y un día de entre mediados de enero hasta principios de marzo debemos ir hasta l'Emporda, iniciaremos el día visitando una población eminentemente marinera, l’Escala está situada al sur del golfo de Roses, en el límite comarcal con el Baix Empordà, a solo dos kilómetros de las famosas ruinas de Empúries. Ha conservado, a lo largo de los siglos, una industria que le ha dado fama en todo el mundo: la salazón de anchoas. El Museo de la Anchoa y de la Sal, inaugurado en 2006 en el antiguo matadero, muestra la historia de la pesca y de la salazón de pescado azul, desde el siglo XVI hasta la actualidad, y nos sumerge en un tiempo, un patrimonio y unos conocimientos únicos en la costa catalana.
El municipio conserva aún todo el encanto del núcleo antiguo, perfilado por un singular paseo marítimo y playas de tanta personalidad como Riells y la de Montgó, donde tenemos una magnífica vista del golfo de Rosas.
Para rematar el día nos trasladamos a Llafranc. La bahía de Llafranc, su paseo, el puerto y el cabo de Sant Sebastià hacen de este pequeño núcleo uno de los más prestigiosos de la costa y por supuesto donde podemos gozar de unas magníficas "garoines" (erizos de mar) fresquísimos.